Desaparecer en silencio es la mayor de las crueldades. El irse es dejar al otro con el peso de todas las dudas. No hay que explicar las razones por las que se desaparece, pero siempre hay que explicar por qué uno no se queda. Hay en ese irse súbito y callado un castigo insoportable, una negación absoluta de todo lo que el amor representa. La ausencia sin explicaciones es un peso que sólo debería tener que soportarse cuando es inevitable.

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