sábado, 5 de noviembre de 2011

Creí escapar de la tormenta.
Pero hoy vi hojas secas
y cansadas del calor cobrar vida,
en un usual milagro cotidiano.

Y la dura caricia del viento,
arremolinándose en las esquinas,
bailando con papeles y bolsas vacías.

Amo esa magia, ese vivir sin vida,
ese estar tan atado al viento...

¿De dónde nace el temor a la tormenta?
¿De dónde nace el temor a lo inevitable?

Se escuchan risas disfrazadas
de suspiros y ráfagas de lluvia.
Ya no me engañan.
Entiendo el idioma de la gota y de la brisa.
La tormenta se burla sin disimulo,
de quienes creen posible
escapar al viento.
 

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